6 de julio de 2009

Sarro submarines

Un pensamiento tan básico y simple –simple de simplón, no de sencillo- como creer que escribir y publicar es sinónimo de ventilar la vida personal es como pensar que uno puede olvidarse de todo, absolutamente todo lo que quiere y cree y cambiarlo por una secuencia interminable de mañanas somnolientas con olor a alfombra, acostumbrarse a que cada 8.34 am estás haciendo la fila por un poco de agua hervida en el aparato eléctrico lleno de sarro, o tomarle el gusto a un cigarro callejeado y el pecho apretado antes de que el reloj marque las 8. Es como pensar que esto es todo lo que es uno y que se es papel escrito y posteado y nada más, ahí, puesto para ser leído con tanta simpleza como quien lee un aviso económico de putas en un privado o el dato de una vieja bruja que asegura uniones amorosas a bajo costo. Creer que un texto es sólo un texto en su literalidad es como pensar que ver a mi viejo sentado, más flaco, más arrugado y más solo, fumándose su pucho afuera en el frío, mientras mi hermano y yo hacemos como que no estuviera e intentamos seguir algún tipo de conversación me es absolutamente indiferente. Es como pensar que viajar es simplemente tomar un avión y partir y olvidarse de todo. Uno nunca se olvida de todo.

Algunos aspectos culinarios

Elevamos un altar a las galletas “tipo americanas” de 1 euro, que con sus chips de chocolate y su hostigante sabor me mantienen de pie al menos medio día. Benditos sean los paquistaníes y los libaneses que habitan Bruselas y nos entregan día a día la dosis de verduras, legumbres, ajo, masas y kilos de cebolla con sus maravillosos falafel y pita falafel por tres euros y medio a cuatro. Si son más de cuatro euros, es que habibi es carero. Encontré el supermercado de barrio más barato, el que tiene la leche chocolatada a menos de 1 euro y la frutería menos ladrona de los alrededores de la Gare du Midi, donde por 80 centavos compro un par de tomates, un zapallo italiano y una cebolla de lo más cristianos. Tomamos cerveza Jupiler, que es como la Escudo de Bruselas, aunque guardando –extremadamente- las proporciones. No compro agua, ni menos bebidas: relleno la botella una y otra vez en los baños de restoranes, cafés y night shops. Rolo tabaco, que cuesta una cuarta parte de lo que vale una cajetilla de cigarros. Así fumo menos, lo que es notable, y tiro pinta, lo que es obviable. Devoro un durazno en la calle con la voracidad de algún forajido o perdido en el desierto, hasta no dejar nada más que el cuezco, y engullo frites callejeras –la famosa papa frita belga- con salsa extra picante o andaluza hasta sudar aceite. Todavía no pruebo las croquetas de queso, pero estoy preparándome sicológicamente para tal meteorito gástrico. No como helados ni ando en busca de chocolates o souvenirs. En la esquina de la casa venden la mejor sopa marroquí de porotos, tomate y fideos, que me deja echando humo de tanto condimento y picante. Un enorme plato hondo y una gran panera para sopear –aquí tan noble actividad no es “de rotos” y si lo fuera, me vale tres cojones-. Y luego el cansancio post comida, el calor, el picor y volver a la calle a caminar.

Calles Sophie en Bo Zar


Yo no tenía idea de quién es Sophie Calle (1953) hasta que vi su muestra Calles Sophie en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, Bo Zar. Además de escribir como los dioses, Sophie Calle es fotógrafa y audiovisualista, entre otras cosas. Digo entre otras cosas, porque entre sus miles de andanzas se las ha dado hasta de investigadora privada. Calle usa estas profesiones y labores, intercalándolas y creando múltiples roles y personajes para crear historias y contar a través de ellas su autobiografía. Esta muestra –abierta hasta el 13 de septiembre, para quienes pasen por Bruselas- es una retrospectiva de sus trabajos que, en orden cronológicamente inverso, traza la historia de su vida. Emprender un viaje al Polo Norte para enterrar las joyas y el retrato de la madre, muerta de cáncer hace poco y con el deseo inconcluso de llegar a conocer esas enormes masas de hielo. Ir donde una clarividente a pedirle que le lea el futuro, “para ir y conocerlo”. Pedirle a tu propia mamá que contrate un detective privado para que te siga y que lo pruebe con fotografías. Prestarle la cama a un despechado para que pase ahí sus penas, en California. Diálogos con Paul Auster. Y que él mismo le dedique un libro, un personaje. Cartas. Una ruptura vía teléfono desde un hotel en Nueva Delhi. Exorcizarse los propios dolores conociendo las historias de los demás –“Douleur exquise”- e invitar gente a alojar temporadas en tu cama fotografiando el proceso. Perseguir gente. “Solía seguir extraños por las calles. Sólo por entretención. En 1979 seguí a un hombre, sólo para perderle el paso unos minutos después. Esa misma tarde, por casualidad, me lo presentaron, y me contó que planeaba viajar muy pronto a Venecia. Decidí seguirlo”, cuenta Calle en “Le Confessionnal”. O la historia de cómo se vio ad portas de una rinoplastía que nunca buscó y una indecisión que finalmente el cirujano plástico zanjó suicidándose dos días antes de la operación. Así es Sophie Calle.

30 de junio de 2009

Magritte Museum

Un viejo de mierda me comenta sobre el calor cuando me quito la chaqueta en las afueras del Palace de la Justice. El sol está radiante, arde, sí, pero corre un viento exquisito que refresca y que mueve suavemente las nubes del cielo, el cielo de Magritte. No existe otra forma de comprender su obra que habiendo mirado el cielo de esta ciudad. No tiene igual. Las nubes se dibujan con una precisión única sobre un cielo celeste, de un celeste que yo jamás había visto antes. Quizás fue por eso que, al entrar al museo –el nuevo museo- de Magritte se me estrujó el pecho y me vibraron los ojos de placer. Es que el surrealismo es, según el mismo Magritte, la primera forma de ver la realidad. “Es el conocimiento inmediato de la realidad”, dijo. Magritte era comunista y desde ahí planteaba una concepción del arte como el lujo de las imágenes: el lujo del arte es el lujo del pensamiento. Del pensamiento libre, que abandona la idea de la obligación de ser y la reemplaza por la posibilidad de ser. Si uno se abstrae de toda la infraestructura hi tech y de la tienda –preciosa pero carísima, claro- del recién inaugurado museo, si uno logra olvidar que está rodeado de turistas tercera edad con alpargatas blancas sudadas, si se es capaz de abrir los ojos y entregarse a la imprevisible poética de las imágenes de Magritte, entonces se puede llegar a entender por qué decía que “no hay elección: no hay arte sin vida”.

22 de junio de 2009

Bruxelles for losers

Me tomé una enorme pastilla de paracetamol para aliviar los dolores de cuerpo que siento desde ayer en la tarde, cuando corría un fuerte viento sobre Bruselas. El último día de la Fête de la Musique nos pilló en la Place de Saint Gilles, quizás el barrio más bonito de esta ciudad, tomando cerveza para variar y conversándola con los amigos de Guillaume. “Los piantes”, como les llama Salva. Una serie de bandas no muy rescatables. Me perdí la primera, que era la mejor, pero ya ni sé cuál era, y eso no importa tanto. Nada importa tanto. He estado todo el día encerrada en casa porque me duelen los huesos y me siento molida. No entendía bien por qué, pensaba que era un exceso de jet lag acumulado, o de trasnoche, o de frituras, o de hachís. Pero dormí eternas horas y despertaba cada vez peor, así que ok: tengo gripe o algo así. Hoy no fue un día de paseo. Fue día de trabajo a distancia para Teatro Container, actualizaciones, todo un día para pensar y escribir finalmente este post de mierda que no dice nada sobre Bruselas.

20 de junio de 2009

Bruselas 1

No es que no haya escrito antes, sí he escrito. Un problema de enchufe me tenía fuera del computador y toda la onda de internet, que en realidad no tiene ninguna onda. Usé, en cambio, una libreta y un lápiz para escribir algunas de mis andanzas por Bruselas durante esta semana. Y fue un buen reencuentro con la digna ancianidad de la escritura análoga, porque tiene otro ritmo, otra intención, otro todo. Y es tan privado, y eso es lo mejor.
Esta semana no he parado de caminar. Tengo tanto tiempo disponible para conocer la ciudad que puedo darme el lujo de lanzarme sola a las calles, caminar sin mirar atrás hasta el agotamiento y no mirar el mapa hasta que me doy cuenta de que estoy realmente perdida y que necesito volver.
Los días son largos, oscurece tarde y amanece muy temprano. Es el comienzo del verano acá y empiezan también los festivales al aire libre, la música y las fiestas gratis. Bruselas es una mezcla de africanos, musulmanes y un largo etcétera, incluidos los franceses que se están trasladando hacia este país, que es más barato, pagan menos impuestos, y al parecer es una ciudad harto más amable que el París de las películas, que yo todavía no conozco.
El tiempo pasa muy rápido entre tanta caminata que hago sola y también acompañada de Salvador. Con Salva partimos a aplanar calles y nos sacamos fotos entre nosotros, para no tener que recurrir tanto a la foto pokemona que uno se auto-saca cuando anda de viaje solo. Y conocemos lugares increíbles, como el Parc du Cinquentenaire, que es enorme, enorme, enorme y uno es una hormiga mirándolo todo y acostándose en el pasto eterno a descansar. Los productores de leche -del ala flamenca- están en paro y tienen todos los tractores instalados en el parque, como protesta. Tiran sus carpas ahí mismo y uno pasea entre medio, dándose el lujo de no entender qué cresta pasa en ese precioso parque con tractores incluidos.
Los edificios de la Comunidad Europea -Bruselas es el centro político de Europa- son monstruosos, igual que el Palacio de Justicia. Guillaume dice que este palacio es el edificio más grande de todo Europa, y yo le creo. Dice que es un símbolo de imponer la ley y la justicia sobre el pueblo, algo que se hace obvio al estar ahí. Está encajonado en la ciudad y es tan gigante hacia abajo que tiene un ascensor externo para subir hacia él. Es in-fotografiable. Para qué decir la vista que hay desde el nivel de la entrada. En mi primer día acá salí con Salva a pasear un poco y veíamos su cúpula dorada desde lejos y, cuales idiotas ignorantes, pensábamos: qué cresta es esa mesquita que se ve allá? Pedazos de sudamericanos.
Sabemos también que este lugar se está convirtiendo en el centro del arte actual en Europa. Lo sabemos porque lo estamos viendo. Porque lo estamos conversando con la gente joven de acá y porque se ve en las calles, en las galerías, en todo. Bruselas es una ciudad preciosa y la estoy conociendo completa. Me duelen los pies a morir, pero estoy feliz. Y me vale madres no conocer el idioma completamente, porque me meto a las tiendas a preguntarle cosas a la gente en francés y lo logro. Pregunto en las calles en francés y me entienden. Aprendo vocabulario porque le leo cosas a Guillaume en francés y las traduzco al inglés, mientras él me ayuda, y eso es bueno. Y ahora parto con Salva a la Fète de la Musique, que es en la calle, gratis, frente al Palacio Real, otra enormidad de la que hablaremos después.

26 de mayo de 2009

Las Hermanas Suicidas



Estuve todo febrero reporteando esta historia. Finalmente nunca se publicó, pero jamás me las saqué de la cabeza. Tengo una colección de fotos íntimas que devolver a sus amigos y familiares y hartas cosas que decir. Por eso, aquí va la historia completa, para el que se anime y también para dejarla ir.





A las tres de la tarde del viernes 23 de enero, Rosa Véjar decidió que ya era hora de que las hermanas Rosana y Rosario Roa, de 44 y 42 años, se levantaran y terminaran de mudarse. Llevaban menos de quince días alojando en un pequeño departamento de dos pisos que estaba al fondo de la casa ubicada en la calle Punta de Lobos y que Rosa les había prestado mientras encontraban algo más definitivo.
La puerta estaba asegurada con un pedazo de nylon, pero Rosa hizo un poco de fuerza y entró. Las llamó un par de veces gritándoles desde el primer piso, pero no hubo respuesta. Entonces subió la pequeña escala de madera.
- Lo primero que veo es a una tirada en el suelo y a la otra durmiendo, acostada. Yo les digo: despierten chiquillas, despierten, despierten, ¿por qué no se levantan? Y me dio una cuestión aquí media rara- dice Rosa tomándose el pecho.
Rosario y Rosana llevaban un mes sin tomarse los medicamentos que les habían prescrito para su depresión en el Hospital Padre Hurtado. Lo único que Rosa vio en esa pequeña pieza fue un vaso plástico lleno hasta casi la mitad con pastillas molidas y otras enteras flotando.
-Era como que hubieran hecho un ulpo- explica Rosa mostrando lo que queda de la construcción que ahora está desmantelando, para ver si logra olvidarse un poco de toda esta historia.
- Quiero salir de esto, porque estoy mal. No quiero más. Esto le pertenecía a la familia, ¿por qué tengo que ser yo la que está cargando con esto? Por hacer un favor pasa esta desgracia en mi casa.
Rosa conoció a las hermanas hace aproximadamente un año y medio. Su casa y la de la familia Roa Vargas están en calles aledañas y su hija Isabel las conocía bastante. Cuando se cruzaban en la calle la saludaban con un “hola mamita”, la abrazaban y siempre eran amables con ella.
-Cuando las personas son así como que uno va tomándoles cariño.
Fue por eso y por verlas abandonadas y sin lugar donde vivir que Rosa aceptó recibirlas en su casa, cuando su hija Isabel Camilo llegó a contarle que Carmen, la mamá de las hermanas Roa, las había echado y les había tirado las cosas por la ventana.


- Ellas me decían que sufrieron mucho desde niñas a adolescentes, porque el papá es evangélico y las reprimía mucho. Cuando venían a la casa de mi mamá miraban a los niños jugar afuera y decían: pensar que nosotras no tuvimos infancia ni adolescencia porque nuestros papás veían con quién nosotras nos juntábamos. No podíamos tener amistades al gusto de nosotros y todos tenían que ser de religión evangélica.


Apenas Rosa Véjar encontró a las hermanas muertas en su casa, Isabel corrió a buscar al hermano de ellas, Moisés.


- Cuando llegó, subió arriba y dijo no, si están muertas. Están muertas, están duras como palo- cuenta Isabel.


Un carrito de feria


En agosto de 2007 las echaron de su casa. En ese momento, Mario Núñez, el pololo de Rosario, les ofreció que vivieran con él. Pero duraron poco ahí porque querían vivir cerca de la casa de sus padres, donde estaba Claudia, la hija de Rosario.

Partieron otra vez al barrio donde vivieron siempre, aunque Mario, que es joyero y tuvo una relación de casi un año y medio con Rosario, asegura que tenían planes de irse a vivir los dos juntos en marzo de este año.

Claudia tiene ocho años y es producto de la relación de Rosario con Roberto Villena, a quien conoció en 1999. Nunca estuvieron casados, pero Roberto le dijo que siempre se haría responsable de la niña.

Hace dos años, José Roa, hermano de Rosario y Rosana, le quitó la tuición de Claudia a su madre, apelando a sus problemas siquiátricos. Desde ese momento en adelante, estar cerca de su hija y sobrina se convirtió en la principal motivación de vida de las hermanas.

Aunque en el Hospital Padre Hurtado se niegan a informar el diagnóstico de Rosario y Rosana, la Policía de Investigaciones declara que padecían de trastornos de personalidad y depresión.

Con este argumento, José “Pepe” Roa ganó la tuición de la pequeña Claudia. Roberto Villena explica que la tuición de Pepe es temporal y que a fines de este año, Claudia se irá a vivir con él.

- El juez determinó que fuera así hasta que la niña estuviera en condiciones de venirse a vivir conmigo- asegura Roberto. Según él, las dos hermanas fueron siempre muy unidas y la depresión que las afectaba la traían desde los catorce años.

- Tanto así que Rosario decidió dejar a su hija de lado por acompañar a su hermana y se involucró a tal punto con la situación de su hermana que también se enfermó. La guerra la tenían contra ellas mismas. Ellas se sentían desplazadas, sentían que no tenían por qué haber vivido donde vivían y para evadirse de esa situación tomaban pastillas. Ellas sintieron que no correspondían al nivel social en que vivían y ahí empezaron a tomar pastillas para evadirse de esa situación.

En cambio, la sobrina de Rosana y Rosario, Macarena García, asegura que la principal motivación de las hermanas siempre fue estar cerca de la pequeña Claudia y que a Rosario le preocupaba la manera en que su hermano Pepe estaba criando a la niña.

-La Claudia era distante, no quería ir a verlas, o miraba en menos donde estaban viviendo. La misma Rosario me decía que a la Claudia la estaban criando no humilde. Igual no la dejan jugar con niños en la casa. La tienen súper reprimida, puede jugar sólo con ciertos niños.- dice, conciente de que en esos momentos Rosario no estaba en condiciones de hacerse cargo de su hija.

-Si tú no tenís nada estable, no podís andar con un niño. Los niños tienen que estar en un lugar bien. Pero lo que yo no apoyaba era que le negaran ver a la Claudia o que le envenenaran la mente, porque sea como sea la mamá, es la mamá. Rosario pedía que al menos la dejaran ver a su hija, pero Pepe no la dejaba.

- Pepe quería quitarle a la hija supuestamente diciendo que ellas eran drogadictas, alcohólicas y miles de cosas. Yo a Rosario la conocí un año y medio y jamás la vi fumando nada ni menos alcohol.- dice Mario Núñez.

Antes de vivir en la casa de Rosa Véjar, Rosana y Rosario pasaron prácticamente todo el último año de sus vidas deambulando por las calles de La Pintana, arrastrando con ellas un carrito de feria donde llevaban sus cosas más importantes. Arrendaban piezas o departamentos en distintas casas, pero con la pensión asistencial de 45 mil pesos que recibía Rosana por sus problemas siquiátricos no les alcanzaba para mucho y siempre las terminaban echando.

Así circulaban, entre unas pocas manzanas y pequeñas cuadras, ante la mirada curiosa de los vecinos que se preguntaban qué había pasado con las hijas del pastor evangélico José Roa y creando historias en torno a ellas. Las llamaron locas y drogadictas, pero muy pocas veces les ofrecieron ayuda.

Luego de abandonar la casa de Mario Núñez, las hermanas volvieron a su barrio de La Pintana, donde las recibió Norma Vera. Llegaron dateadas por una señora de la feria. Norma vive a pocos pasos de la casa de la familia Roa y les arrendó un departamento dentro de su casa por nueve meses.

La primera impresión de Norma fue que andaban siempre curadas o voladas. Pero eso cambió cuando vio que llegaban médicos y furgones del Padre Hurtado a visitarlas. Ahí comprendió que eran los remedios para su depresión los que las tenían así y pronto les empezó a controlar las dosis. “Así ellas andaban totalmente normal, igual que uno”, dice Norma.

Pepe, el malo

La primera vez que Rosario, secretaria bilingüe, fue a un control en el servicio de salud mental del Hospital Padre Hurtado fue en diciembre de 2004. Su hermana lo hizo tres años después. Hace cuatro años había sufrido la pérdida de un embarazo de gemelos a los tres meses de gestación. El padre era Rodrigo, un vecino al que todos llamaban “el musulmán”.

- Era como árabe, judío. Andaba con túnica y turbante, se maquillaba los ojos. El compadre tenía pinta de sicópata, una mirada... a mí no me gustaba. Era raro.- recuerda Macarena García, sobrina de las hermanas Roa.

A quien tampoco le gustaba para nada este romance era a Pepe, hermano de Rosario y Roxana.

- Hasta a mí me dijo, yo le pago a un gallo para que le pegue.- dice Macarena, quien cree que la pérdida del embarazo sí tuvo algo que ver con los maltratos a los que estaban sometidas las hermanas de parte de sus hermanos Pepe y Moisés.- Entonces ahí le vino otra depresión. No comía y si comía vomitaba, le vino bulimia. Dormía todo el día- cuenta Macarena.

La sobrina de las hermanas Roa, hija de Claudio, medio hermano de Pepe, Moisés, Rosana y Rosario, habla de “otra depresión”, porque recuerda que desde que tiene uso de razón que sus tías eran depresivas.

- Igual mis tías sufrieron, si cuando eran chicas mi tata fue súper malo con la abuela. Entonces igual mis tías vieron caleta de cosas, a mí me contaban su historia. Mi tata se metió en alcohol, era alcohólico. Ahora ya está bien. Fue agresivo con mi abuela. Mis tíos tenían que esconderse debajo de las camas porque mi tata llegaba agresivo, entonces igual fue súper fuerte su vida. Yo creo que ellas empezaron a acumular todas las cosas- dice Macarena. En cierto grado igual a lo mejor se acostumbraron demasiado a las pastillas, porque tomaron toda la vida.

Norma Vera se refiere a José Roa como “Pepe, el malo”, por una serie de historias que recuerda con pena.

- En julio las niñas fueron a saludar al papá, creo que por el cumpleaños. Salieron de aquí bien abrigadas en la noche, como a las 8. Pepe sacó la manguera y las mojó enteras. Yo las tuve dos días aquí enfermas, dándoles paracetamol y manzanilla calentita. Ese hombre fue lo más malo.

Isabel Camilo cuenta que cuando intentaban ver a la niña las correteaban con agua y que para la Navidad fueron a dejarle un regalo, pero Pepe lo tiró a la calle de vuelta.

- Un día el Pepe las salió persiguiendo con un palo. Y no era que ellas lo dijeran, sino que hubo varias personas que lo vieron.

Además, Isabel lo responsabiliza de haber creado la fama de drogadictas que tenían las hermanas en el sector, cuando, sin embargo, Mario Núñez afirma ser testigo de que Moisés consumía pasta base.

- Moisés es drogadicto, a mi me consta. Le hace a la pasta base, cocaína.Mario cuenta que una vez iban juntos a comprar bebidas. “En eso pasó a esos lugares donde venden pasta base y me ofreció, yo jamás he probado esa cuestión”. Además dice que una vez, las hermanas llegaron “todas golpeadas a la casa” por los hermanos.

Macarena recuerda que muchas veces a Rosario y Rosana no les alcanzaba la plata para comer.
- Igual yo a veces les daba algo de plata para que compraran algo. Y muchas veces ellas iban a la casa de la familia y no les abrían. Se hacían los que no estaban. Una vez le dijeron a mi tata: papi, sabe que no tenemos para comer. Y mi tata les entregaba una Biblia. “aliméntense de la palabra de dios”, les decía.

La familia Roa mantiene sus puertas bajo llave y tiene a los vecinos amenazados para que no hablen del tema. Ni siquiera cuando Rosana y Rosario arrendaron piezas en casas de la villa aparecieron a preguntar por ellas. A la hora de organizar el velorio de ambas, se las llevaron hasta una iglesia en El Bosque para que nadie las encontrara.

Norma cuenta que los vecinos buscaron en los alrededores hasta las cuatro de la mañana, iglesia por iglesia, hasta encontrarlas.

A Macarena, la sobrina, nadie le avisó. El mismo viernes que murieron había estado visitando a su abuela y se fue poco antes de que se supiera la noticia. Fue leyendo la prensa del sábado que se enteró y partió a buscar la iglesia donde las estaban velando.

-Esos desgraciados querían tomar a las chiquillas del Instituto Médico Legal y dejarlas al tiro en el cementerio, ni siquiera se querían dar la molestia de velarlas, así son de desgraciados. En el velorio yo quería puro pegarle a ese gallo nomás (Pepe), pero no vale la pena mancharse las manos por una persona así- dice Mario Núñez.

Según cuenta Norma Vera, el día del entierro de las hermanas Roa, “en el mismo cementerio, todavía no salíamos y él se abrazó con el otro hermano, Moisés. Iban muertos de la risa”.

Fue en el velorio donde Norma conoció a enfermeras de la Clínica Dávila que decían ser ex compañeras de trabajo de Rosana, que era tecnóloga médica, además de su ex marido, Ricardo. Según le había contado Moisés Roa a Norma, al momento de separarse, las hermanas lo habrían tajeado.

- Él me mostró los brazos y dijo que no. Me dijo: esa es la mentira más grande, es que esta gente siempre ha odiado a las niñas, las tenían bajo llave. Esto es lo que ellas se llevaron a la sepultura. Ellas querían saber por qué la mamá y los hermanos les tenían tanto odio sin saber el motivo- dice Norma.

Los hijos del pastor José Roa, quien trabaja hace años en un colegio en Las Condes, eran cinco hermanos. Claudio, Moisés, José, Rosario y Rosana. Moisés trabaja en el consultorio San Rafael y José es guardia de la municipalidad de La Pintana.

Años atrás, el hermano mayor de la familia Roa, Claudio, murió calcinado junto a su novia cuando explotó el calefont de su casa. Macarena, su hija, tenía diez años en ese entonces. Fue criada por la familia y hoy tiene 28 años. Pero a los 18 se fue de la casa porque ya no soportaba las estrictas normas que le imponían. Quería dedicarse al servicio social, igual que su padre que era bombero, y no la dejaban.

- Cuando yo me fui de la casa mis tíos me fueron a sacar la mugre a la casa de mi pareja, que era el papá de mi hija. Ellos pensaban que yo estaba embarazada y eso no, porque yo a la Cata la tuve a los 20 años. Me condenaron, como que me pusieron una cruz, porque yo me había ido de la casa. Y yo me fui simplemente porque quería seguir los pasos de mi papá. - dice Macarena.

Por eso, lo que más la atemoriza es que Claudia, la hija de Rosario, corra la misma suerte. “Eso que está viviendo ahora la Claudia yo también lo viví”, dice.

Voladas y borrachas

En agosto, Rosario y Rosana llegaron hasta el departamento de violencia intrafamiliar de la 41º Comisaría de La Pintana pidiendo ayuda. La cabo Méndez las atendió.

-Un día llegaron a la guardia y venían con moretones. Habían sido agredidas por su papá y por su hermano. Estas niñas estaban con depresión a raíz del maltrato que les daban el papá y el hermano desde siempre.

Méndez las describe como niñas de 15 años. “Dependían mucho una de la otra. Como tomaban muchas pastillas para la depresión, andaban así como drogadas. Las dos se cuidaban. Se notaba que tenían buena educación, porque no hablaban como el común de la gente de La Pintana”.

El mismo maltrato las llevó a buscar apoyo en el Centro de la Mujer de la municipalidad. Rosa Ramenzoni explica que como el caso no correspondía a violencia de pareja y presentaban trastornos siquiátricos, las derivaron al Padre Hurtado. Pero que siempre estaban en busca de ayuda.

- Ellas eran muy parecidas, era una relación muy simbiótica. Aunque se hubiera matado una, lueguito se hubiera matado la otra. Todo lo que le pasaba a una pareciese que le pasaba a la otra también. Yo misma las confundía. Eran muy iguales. Lo que da más pena es que nunca nadie les tendió la mano. Acá los servicios de salud están bien sensibilizados y ponen a las hermanas como plano, en el sentido de que no vuelva a pasar que dos pacientes que están mal por la vida y no tienen redes y piden ayuda, se les cierren las puertas y no se les haga un seguimiento como merecen. Porque la verdad es que nadie las ayudó.

Olivia González conoció a las hermanas Roa en la época de la candidatura de Lagos. Trabajaron juntas organizando ferias, puerta a puerta y plazas ciudadanas. Después de eso dejaron de verse durante cinco años, hasta que llegaron a la oficina de violencia intrafamiliar.

- Hace cinco años no eran ni la sombra. Eran mujeres alegres, llenas de vida, con ganas de vivir. En ese tiempo nunca se me habría pasado por la cabeza verlas como las vi después, así de deterioradas.

Cuando las vio, Olivia no podía creer que las mismas mujeres con las que había trabajado en política, ahora vivían rodeadas de rumores que las tildaban de voladas. - Estaban con una depre, andaban como idas, no coordinaban las cosas. Ahí me contaron también que habían tenido problemas. Era como si hubieran tenido anorexia. Estaban muy flacas y no coordinaban bien al hablar, pero de repente sus ideas las tenían claras. Decían que querían trabajar, que querían recuperar a la hija. Yo creo que para las dos la necesidad que tenían de vivir era la hija.

- Decían que eran unas drogadictas, unas borrachas, pero yo nunca las vi en nada. Las veces que las veía no estaban drogadas, excepto por las pastillas que se tomaban por el tratamiento- cuenta Erika Ulloa, una de las pobladoras que organiza el centro de ayuda para mujeres “Girasol”, que funciona en la misma comuna y busca ser un apoyo para aquellas que sufren de maltrato.

Al enterarse de la muerte de Rosario y Rosana, Erika escribió una carta a The Clinic a modo de homenaje.

- (...) caminaban por las calles de mi alrededor siempre unidas, siempre juntas, y así partieron juntas pero muy solas a la vez, nadie supo entenderlas, nadie supo quererlas, al contrario para los vecinos eran drogadictas, alcohólicas, violentas. Qué dolor tendrían dentro de su corazón que decidieron dejar este mundo en donde para algunos es lo mejor de su vida, para ellas era el calvario día a día que las ahogaba y no las dejaban sentirse libres, y prefirieron buscar la libertad de la forma más cruel.- dicen sus dedicadas líneas.

Cuando Erika y otras mujeres del centro conocieron a las hermanas Roa, se dieron a la tarea de encontrarles un lugar donde vivir, pero no encontraban apoyo. Mientras, Rosana y Rosario parecían tener ya todo planeado. Desde el 14 de enero estaban alojando en la casa de Rosa Véjar, que les había advertido que sólo las podía recibir por algunos días. A Rosa le contaron que iban a cambiarse, que ya tenían pagado un lugar nuevo donde vivir.

-Ellas se reían y decían que no querían que la gente supiera dónde se iban, porque querían estar tranquilas-. Rosa nunca supo cuál sería este nuevo alojamiento.

En los días previos a su muerte visitaron dos veces a Lito, el marido de Macarena, su sobrina, en la carnicería donde trabaja. Querían saber de ella. También intentaron ver a Claudia, pero volvieron a corretearlas con la manguera.

- Días antes de suicidarse, Rosario me dijo: dile a la Claudita que hice todo por ella pero que no pude más. Entonces yo me puse mal, porque yo igual he vivido situaciones así, algo parecidas. Les dije, chiquillas no pueden hacer tonteras. Si tú piensas atentar contra tu vida, tu hija nunca te lo va a perdonar- cuenta Isabel Camilo.

La tarde del jueves anterior a su muerte empezaron a trasladar sus cosas de a poco. Lavaron toda su ropa, las sábanas y los cubrecamas. Se llevaron el carrito de feria lleno de cosas. Después trajeron un triciclo para así transportar todo más fácilmente. Supuestamente, a la mañana siguiente abandonarían la casa de Rosa.

-Qué bueno, dije yo, porque decían muchas cosas de ellas. Muchas cosas feas, feas. Yo les dije: mijitas, la gente dice muchas cosas feas de ustedes, pero yo no voy a decirles lo que han dicho. Va a quedar aquí, no quiero divulgar, no quiero repetir. Por eso quiero que mejor se vayan. Y no quiero que se vayan a enojar conmigo tampoco- dice Rosa “Cómo nos vamos a enojar”, contestaron ellas. Y le prometieron que siempre iban a volver a visitarla.

14 de mayo de 2009

Adopta un cuco

Amables lectores de este humirde blog:


Hace 3 semanas allanaron una perrera inmunda, hedionda y pasada a pulgas, muerte y desolación en Lampa. La vieja descriteriada dueña del lugar tenía casi 300 perritos encerrados en caniles asquerosos, con los perros flacos y enfermos, y cuidados por un freak de temer, realmente.


La cosa es que este fin de semana, sábado 16 y domingo 17, en el Portal La Reina (Padre Hurtado con Bilbao) habrá una jornada de adopción masiva de estos cucos, que ya están sanitos y listos para irse a vivir a un hogar digno de un buen cuco.
Este mega magno evento comienza a las 10:30 am y se extiende durante toda la tarde. Te tendremos a todo lo que es el Gato Juanito, la Maura y un largo etecé de artistas pencas nacionales unidos por una buena causa.

Ya saben entonces. Y recuerden: un quiltro agradecido es mil veces mejor -y más barato- que un perro de raza pasado a enfermedad de tanto que se han cruzado entre primos.

Les dejo unas fotos de los cucos para que se les rompa el corazón.


Gracias por su atención.






11 de mayo de 2009

Acta fundacional de la Secta Hibridista “Pare de Gozar”

En Santiago-Colaina, hoy, 11 de mayo de 2009, se declaran iniciadas las actividades de la Secta Hibridista “Pare de Gozar”.
  1. Su santa patrona y profeta guía será Ana Rodríguez, también conocida en las ligas de la política ovni sideral como Wanda Rodríguez.
  2. Se cobrará diezmo en moneda nacional.
  3. Se declara como misionero oficial al señor Carlovni Salazar, autor además de tan descabellada pero edificante idea.
  4. Su misión: viajar por el mundo entero haciendo turismo sexual y espacial con el dinero de los fieles.
  5. Primer reporte de prensa sobre la Secta Hibridista “Pare de Gozar”:


Peñalolén.- En la comunidad ecológica, los actores Francisco Reyes y Adriano Castillo adhirieron a la nueva tendencia mística del "hibridismo " de las que ya eran parte el rockero Beck y Beyoncé Knowles que por su parte abandonaron la Cientología.La líder de la secta Ana "chandrabudahh" Rodríguez, recalcó que se avecina un cambio de conciencia que hace necesario abrazar la particular doctrina. Entradas en Ticketmaster, Feriaticket y el Rey de la Mechada (san diego 342)

Y el norte

Saqué su foto y la guardé en un libro
Justamente en ese, el libro más triste de la historia de los libros
Porque es ahí donde tiene que estar
En el lugar de las historias
De LA historia
Más bien, de esa historia

3 cosas:

  1. Erís harto penca
  2. Me tiene bien harta -BIEN HARTA- esto de que te hagas el interesante
  3. Porque la verdad es que, de interesarme, hace tiempo que me interesas muy poco

De madres

Este es, muy probablemente, el regalo más lindo que se entregó ayer.
Te quiero pajarita. Eres el mejor descubrimiento 2009.

8 de mayo de 2009

Arte Pasta

OBRA FUNDACIONAL DEL ARTE PASTA

Ya está al aire Arte Pasta, el internacionalmente esperado blog de una de las ultimas tendencias rupturistas del arte anti mainstream ultra embombai aclamadas en el mundo entero.

No deje de visitar Arte Pasta y colaborar con sus propias obras.

Pronto: Primer Concurso de Arte Pasta Joven 2009

7 de mayo de 2009

RSVP

Existen distintas formas de mandarse a la cresta a uno mismo. Existen diversas maneras de tirarse un piquero. Si lo haces con la boca abierta, de seguro engullirás la piscina completa de un solo trago. Existen bebidas fantasiosas de colores y también está la Pap, que es la favorita de la gente que hemos visitado interminablemente y hasta altas horas, escuchando relatos de sed. “No tengo agua ni para tomarme un té, señor”. Hay pequeños instantes de vida propia que mal aprovecho de las mejores maneras posibles y también de las peores concebibles. Hay containers llenos de galletas Cuki revolviéndose en mi estómago mezcladas con altas dosis de redbull. Hay carencia de tránsito cerebral, déficit de yogur Activia para el tránsito neuronal y dedos petrificados para teclear. Pocos momentos musicales. Escasos videos de youtube. Breves conversaciones. Pocos paseos, mínimos callejeos. Algunas fotos. Muchas mentales. No hay relatos para construir ahora, porque no es el momento de que nada de eso se traduzca en letras trebuchet con títulos color azul y links naranjos. Luchamos contra algunas encías dolorosas, retorcijones varios, fatigas al azar y mini alegrías que aparecen de forma aleatoria, pero a paso de iguana. Existen también pequeños momentos de lucidez en medio de todo donde que aparecen textos menores a modo de excusa -de disculpa, de perdón, de espéreme, de ya vengo, de estoy en pausa-, como éste que usted está terminando de leer en este preciso instante.

The last one

- No- dice el otro. El mundo no es nada. Lo que de verdad es importante no lo olvidas nunca. De esto me di cuenta más tarde, cuando empecé a envejecer. Claro, todo lo secundario, todo lo accesorio desaparece, porque lo echas por la borda, como los malos sueños. No me acuerdo del regimiento – repite con terquedad-. Desde hace algún tiempo solamente me acuerdo de lo esencial. (…) La memoria lo pasa todo por su tamiz mágico. Resulta que después de diez o veinte años te das cuenta de que algunos acontecimientos, por más importantes que hayan parecido, no te han cambiado absolutamente en nada.

23 de febrero de 2009

+ Kilos

Escuche aquí cómo suenan los kilos de tolueno de Dj Multitasking

Historia del pequeño artista francés


*Para Guillaume

Un pequeño artista francés voló desde Bélgica hasta Chile con tres cajas musicales envueltas cuidadosamente en su maleta. En su cabeza rondaba la melodía Tristesses de Chopin. La imaginaba sonando a tres voces y amplificada en una de las dos enormes cajas metálicas que lo esperaban en el puerto de Valparaíso. Rojo y azul eran los colores de los containers donde el artista escucharía su sueño e invitaría al público a sentir la envolvente música durante una semana. El primer día fue un éxito. Muchas personas querían vivir la experiencia. Niños, papás con sus niños, jóvenes, mujeres embarazadas que acercaban su cuerpo al container para sentir más de cerca la música. Tantas personas fueron a visitarlo, que las pequeñas máquinas se cansaron de tanto sonar y colapsaron. El pequeño artista francés estaba entonces en un problema. Tan sólo un día de función y su enorme caja musical ya no andaba. Sus cejas se fruncieron y arrugó la nariz. Tenía que ingeniárselas para que la gente pudiera seguir visitando sus containers y disfrutando de los sonidos. Se dobló un poco los pantalones, se pasó la mano por la frente acalorada y entonces, acompañado de su buen amigo biólogo- inventor, se pasó toda esa noche en vela conectando circuitos y creando algo nuevo. Esta vez una máquina que convertiría el container una gran caja vibrante. El público sólo debía entrar a la estructura y presionar un botón para que todo se volviera una gran onda. Una tras otra, acompañadas de los fuertes sonidos que venían desde el container azul. Una caja cerrada completamente, con lugares especiales donde golpear. Al comienzo nadie lo entendía. Qué hacían dos rectángulos gigantes y sonoros en medio de una plaza común y corriente donde casi nunca pasa casi nada. La gente pasaba y los más curiosos se acercaban. El pequeño artista francés tuvo que explicarles a quienes no entendían y tranquilizar a las viejas del barrio que se quejaban por el “ruido” y los vidrios de las ventanas que se sacudían. Los pasantes aprendieron entonces a descubrir las nuevas invenciones. Entraban al container rojo, presionaban el botón y ponían sus pies descalzos sobre las murallas metálicas, como un gran masaje que les recorría el cuerpo. Pero el ayudante del pequeño artista francés era un distraído. Tropezaba a cada momento. Hasta que sus enormes pies hicieron volar uno de los parlantes que amplificaban los sonidos del container azul. El cable saltó y se rompió y entonces el ayudante distraído intentó repararlo, pero fue peor. Intentó que el pequeño artista francés no lo notara, pero el container ya no sonaba. El pequeño artista esta vez sí estaba enojado. Estaba furioso. Fumaba más cigarros de los miles que ya se fumaba en el día. Quería matar al ayudante distraído. Quería estrujarlo con sus propias manos y azotarlo con su bastón de madera. Entonces apareció un técnico amistoso, soldó un par de cables y lo solucionó todo. El pequeño artista francés podía ahora estar tranquilo. Podía pasearse entre sus obras y mirar satisfecho cómo miles de personas querían entrar a sus cajas sonoras. El trabajo había sido lejos el más accidentado de su vida, pero había puesto a tanta gente feliz. Baboum container había sido todo un éxito.

*y el dibujito también es mío

11 de febrero de 2009

Pupi Pupi

Cómo distinguir a un Pupi Pupi?

1º Un pupi pupi te usa harto blanco para vestirse

10 de febrero de 2009

Tía Carmen Gloria

Cuando yo era chica mi mamá me metió a un colegio que era de puras mujeres y estaba cerca de la casa. Que estaba cerca de la casa es la razón que me dio ella misma hace un par de años para matricularme en tal institución. Así de simple. Entraba a kinder, porque prekinder como que no existía en esa época, entonces uno hacía el "medio-mayor" o niveles por el estilo que al final siempre eran lo mismo. Ese año, como todos, partimos de vacaciones a Tongoy, a instalarnos largamente en la casa de mi abuela. Tan largamente, que cuando mi madre se acordó de que tenía que hacerle la basta al jumper y llevarme al primer día de clases, ya habían pasado dos semanas y tenía un montón de tareas acumuladas. Cuando llegué, las tías me miraban con cara de te dábamos por perdida, pobre niña hija de una madre irresponsable. Pero yo ya sabía leer y escribir desde los 4. Entonces, si ya mamarse el jardín infantil fue una lata interminable consistente en pintar palitos de helado y rollos de papel confort, empezar a dar jugo en todas las clases del kinder fue peor. De la carpeta de trabajos acumulados entregué cientos de palotes y probablemente algún dibujo de la playa de Tongoy hechos con toda la lata que un niño de 5 años puede tener estando obligado a dibujar huevadas que le dan lata. Y en las clases, la exclusión eterna cuando la tía preguntaba: "alguien puede decir una palabra con F?". Y yo levantaba la mano como enferma buscando atención, mientras las parvularias me ignoraban olímpicamente en busca de "darle la oportunidad de participar" a un pendejerío ignorante que no tenía idea de la letra F. Jamás olvidaré cómo la tía Carmen Gloria -asumo que se llamaba así, porque todas se llaman así- me hacía quedarme después de clases para "aprender a tomar el lápiz" con una gomita ergonómica en la que me acomodaba los dedos hasta hacerme imposible escribir o dibujar. Según ella, yo tomaba mal el lapiz. Gracias a algo, mi vieja la mandó a la cresta argumentando que dibujaba y escribía bien. Que me dejaran tranquila con mi mano empuñando el lápiz, dijo. El tedio parecía que iba a continuar durante todo primero básico, pero fue ahí cuando conocí a la D. Una cabra chica enana, flacuchenta y con unos crespos rucios tipo Hansel y Gretel que se veía de lo más piola y tranquilita. Ahora, de vieja, sé que ella me miró el primer día de clases y supo al tiro que seríamos compinches, "por la cara de mala que teníai", me confesó hace poco. Entonces comenzó todo. Entonces no tuvimos más recreos ninguna de las dos porque nos castigaban todos los días por huevear en clases. Y fuera de clases. Nos paraban frente al pizarrón a leer frases, cual Bart Simpson. Nos soltaban diez minutos antes de que sonara la campana para entrar otra vez a clases, cuando ya todas las demás estaban prendidas en sus juegos y no había ninguna opción de que nos dejaran libre alguna barra para colgarnos patas para arriba. La dinámica continuó durante 5 años más, claro que con variables de acuerdo a la edad. Eso, hasta que mi vieja decidió que yo ya estaba demasiado buena para el hueveo y me cambió a otro colegio de niñas y monjas e infinitamente más fascista que el anterior. Pero esa, claro, ya es otra historia que da para unos nueve textos más, por lo bajo.

19 de enero de 2009

Un poquito de sudor, por favor

La maldad no se finge y la oscuridad no se simula. O se es, o no se es. El “me visto de negro, porque negra está mi alma” es un dicho penca y viejo, pero bastante cierto. Los recuerdo de corbata y pelo bien cortado, la patilla perfecta, mirando hacia el horizonte.
Una especie de seriedad y melancolía, introspección de cielo gris con toques urbanos in extremis, rematados con un pucho fumado con frío y el ceño fruncido frente a las cámaras de tu video clip. Y una estética extraña, encerrada. Harto cemento, harta gomina, zapatos de vestir y lentes ad hoc. Pero siempre ese gustito a tendencia ajena, a la no pertenencia. O es que la camisa te queda grande, o el pantalón te queda corto de tiro, o el zapato te hace una herida en el talón, pero algo no calza bien. Ni contigo ni con lo que al mismo tiempo está pasando a tu alrededor, cuando algunas cabras se fundaban en minis de charol celeste y bailaban Golden Boy, mientras otras se envolvían en los primeros negros rígidos que hoy nos tienen casi dominados y con tantos pies calcinados bajo el sol ardiente y el asfalto en llamas de la capital. Esos sí eran negros oscuros, no como los que hoy intenta llevar Lucybell. El tiempo pasa, a todos nos engordan los tutos y el pantalón apretado de cuadrillé rojo ya no es permitido para cualquiera. Démosle por favor un merecido respiro a las blancas y delgadas líneas de sus pantalones. Han sido más vistos que Sergio Lagos, todo un cultivador de la ya tan usada prenda, e inevitablemente uno queda con ese sabor a Extra Jóvenes, que ni siquiera corresponde con la época. Las muñequeras de cuero son para los duros de verdad. Un real rockero no anda de pantalón planchado y polera con manga recortada con la tijera de la mamá. Un real rockero no se compra el jeans rajado de fábrica, lo destroza de tanto usarlo y porque es el único par que tiene. La Converse nuevecita de paquete es sinónimo de que estás más viejo, Claudio. Las partes blancas de la clásica zapatilla no se pintan con betún como antaño pintaste las North Star para salir a hacer educación física. El tiempo pasa para todos. El gótico Glam ya no se lleva, queridos. No. Para eso tenemos las nuevas vertientes del emo y las planchas de iones. La boa fucsia ya no te sienta, Claudio. Ni siquiera hace más de diez años, cuando el Beto Cuevas nos cantaba El Duelo, encajaba entre nosotros. La seriedad impuesta y el falso glamour nos tiene amargos, de verdad, a todos.



*Esta era una crítica de modas que escribí para la revista Soundtrack, pero la huevá es tan mainstream que no pasé la censura de los amiguis de Lucybell. Cuek
*Ahora usted también puede leer este artículo donde estos buenos amigos

6 de enero de 2009

En cartearse

Vengo de una fiesta tocata súper shúper latinoamericana. Te bailé hasta todo lo que es la salsa con la B y con la D, mis chicocas buenas pal' viaje estrambótico en el puerto. No pude hacer el paso de los hombros porque no había espacio y la música como que no le pegaba. Esto era en el Mist, wea más rara que hubiera música con sabor (sabó) en ese lugar. Nada de rock ni gente tatuada con telarañas en los brazos. Puras congas, maracas (de las con semillas) y gente charango- lila o charango -palta, como prefieras. Bonito. Harta transpiración. Nada de aire. Mucha sed, nada de curarse, me porto como una reina ahora, es inevitable. Lo que no hubo, eso sí, fue tolueno. Pregunté a todos, todos. miré caras, busqué gente posible. Nada. Nadie cacha realmente lo que es el tolueno. Menos en kilos. Nadie cacha mucho en realidad. Yo sé que se están perdiendo de caleta de entretención. Es como no cachar que jugando street fighter con ese musculoso, Sagat, uno le gana al tiro a todos los malos. Incluso a la maraca esa que usa máscara y tiene unos dedos largos con filo, pero no es Freddy Krueger. No.

Soy el fantasma de la navidad, o algo así . Ya no puedo bailar sin el movimiento de hombros. Cagué.

24 de diciembre de 2008

Me quedé sin pena

Y resultó que todo lo que nos dijiste era cierto. Nosotros que por momentos dudamos de la veracidad de tus palabras, de tu conexión con la realidad ese día en que nos encontramos en Plaza Ñuñoa. Eran los últimos días de noviembre de este año y nos pillaste sentados en una banca, jugando con perros callejeros, cuando nos íbamos del Dante, cuando ya nos habíamos tomado unos cuantos shop con el Harmony, J y el Guillaume y tratábamos de emprender rumbo a algún lado, quizás a la casa, pero teníamos sólo dos bicicletas y éramos cuatro y no terminábamos nunca de rolar. Por lo mismo te acercaste a nosotros.Recuerdo cuando nos dijiste que estabas triste, porque estabas separado de tu mujer. Que eras un violinista tremendo, clásico, pero que la bipolaridad te tenía vuelto loco y que no tenías casa donde vivir, decías, sentado al lado mío y mientras, tus enormes ojos oscuros se clavaban en los míos, jurándonos que los pitos nada de malo tenían al combinarlos con bipolaridad. Que habías pasado por no se cuántas clínicas mentales, que el copete, que el carrete, que los cuetes, tu mujer. Que los Parkinson, que los Trompos, que la viola, el éxito y los tres meses de no tener casa, hogar, nada. Que hace poco habías tocado y había sido tan bueno, tan bueno, pero que en realidad todo ya se había ido a la mierda, decías con esa mirada tan penetrante, por la cresta. Recuerdo que al otro día tomé una micro en Providencia que subía por Apoquindo y ahí estabas, parado, con la vista perdida en la ventana y afirmado de los fierros plásticos del Transantiago. Yo miraba para el otro lado, tocaba el timbre, saltaba a la vereda, me iba, y un mes después, cuando hartas cosas más ya se habían ido a la mierda, la noticia de que un dolor tan estúpido te había matado. Aguante Guíñez. Kilos de tolueno para ti.

22 de diciembre de 2008

El Teatro Búnker

Enumerar sin hacer una lista, porque narrar todo es imposible. Decir que trabajamos hasta que se nos fue el aliento y mucho más, y que fiesteamos lo mismo, porque “hacer festival” fue el lema y también la frase más repetida durante esas semanas. Jornadas completas doblando quince mil programaciones como máquinas humanas, porque la imprenta no te las dobla, ve?. Armando planes de contingencia estilo nazi para empapelar una ciudad de carteles. Teléfonos sonando todo el día y computadores que no daban abasto. Fotos con formatos extrañísimos, videos y más videos, correos masivos, comunicados, carpetitas, conferencias, lobby, que el dvd, que la acreditación, que la entrevista, que el periodista latero que te titula la nota tan tontamente. Días completos en ese infierno que era Curauma. Millares de containers repartidos en cerros eternos en medio de la nada y máquinas gigantescas de las que había que cuidarse para no morir aplastado. Todo bajo un sol que nos dejó un hermoso bronceado camionero y la vivencia de presenciar cómo una pila de tarros horrendos tomaba forma y se transformaba en un instrumento que desde esa noche de sábado, en medio de la ciudad, frente al mar y con los nervios de punta porque todo salía mal pero a la vez bien, nos hacía, me hacía vibrar el pecho. Y algunos pelos se erguían, porque las cuerdas vibraban fuerte y todo se iba materializando de a poco. Del papel pasamos a tener grúas y camiones dirigidos por nosotros y pentágonos enormes medidos con regla para hacerlos calzar. La gente repletaba los lugares, hacía fila desde temprano en la mañana por ver nuestro proyecto, una idea armada por pendejos, pero pendejos dignos. Descubrí también en medio de eso una tropa de gente nueva. Un biólogo experto en circuitos que vive por armar/amar sintetizadores en maletitas de Fisher Price y hacerlas unas cajas de sonido que, al menos yo, no había visto nunca. Un franchute absurdo que se convirtió en mi compimpa y ahora añoro tanto ver, porque yo soy la chorrillana de su vida y él es mi madafacker querido. El Harmo, nuestro nuevo Bertoni, y otro más que no nombraré para no pecar de mamona, porque lo somos, pero es mejor serlo en secreto. De ahí en adelante un aterrizaje horrible y forzado en la capital y una seguidilla se sueños –de esos que uno sueña cuando duerme- raros, ridículos, mezclados, revueltos, pero llenos de verdad y realidad. Se acabó Teatro Container, Rodríguez. Se acabó por este año.

The silent sun

Baby you feel so close. I wish you could see my love. Baby you've changed my life, I'm trying to show you.

1 de diciembre de 2008

Festival Teatro Container de Valparaíso

Vea todo lo que es el spot televisivo de Festival Teatro Container de Valparaíso en youtube:


No olvide que el festival comienza este sábado 6 y termina el 13 de diciembre! No se lo pierda!

30 de noviembre de 2008

Usted 2

Estamos hartos de la gente que anda por la vida rasgando vestiduras. Que si subo un video para que nos riamos todos de mí empiecen a hablarme de planos secuencia mal hechos y mierdas que realmente no me interesa discutir, menos con un anónimo. Que si invito a ver una obra gratis me digan nicagando públicamente. Que si uno dice sí y se tira a una piscina semi vacía llegue otro y te diga, oye te estás tirando a una piscina semi vacía, no seas huevona. Lo sabemos. Todo eso lo sabemos y mucho más. Así que, si usted quiere ser un latero y andar de gordo por la vida, hágalo, no hay problema. Pero por aquí ni se asome.

18 de noviembre de 2008

A Jóligud

Porque como actriz soy muy buena periodista, vea mi participación en el trailer oficial de la nueva novela retro-futurista de Jorge Baradit, Synco:




Más info en www.baradit.cl/synco

and Found

Años antes lo conocí. Pero lo perdí. Y lo volví a perder. Al final, él me perdió a mi. Cuando estuvimos juntos, perdimos otro montón de cosas. Lo perdimos todo. Mis lágrimas son de saudade de la juventud y de los objetos perdidos/olvidados. Pero no me quejo, porque con dos recuerdos y una canción basta y sobra.

Vía Sin Dios ni Ley ni Estilo

5 de noviembre de 2008

2mil

He cambiado, hermana. Ya no me trago el cuentito de voy a la feria y leo a Maquiavelo. Tampoco el del soy un choro de las pampas, aquítelastraigomamá. Menos el de eres tan especial. Uno nunca lo es tanto, o es que en realidad todos lo somos un poco. Ya no me deslumbran torres de discos o de libros, ni experiencias extrañas en el extranjero, ni golpes a un personaje de mierda en el metro, ni huidas de casa, porque ni la mía propia me la trago completa, compañera. No, a mí no me vengan con huevadas. REM es bueno pero tampoco lo es tanto y claro, uno puede hacer air guitar mulamente mientras los ve desde un lugar cercano al techo de esa cúpula extraña muerta del vértigo, pero en verdad está divagando en pensamientos recordatorios de panes con huevo y queso al sartén cada mañana, o en qué momento dejé de extrañar a mi viejo y simplemente parece que lo olvidé, o en por qué diablos ahora me tomo una cerveza y a la mañana siguiente me encuentro inválida, o en por qué crestas es que estoy escribiendo, así, ahora.

3 de noviembre de 2008

Patty Puerto

Regaloneos de la madre para olvidar o menguar un poco las penas. Un salpicón con atún para acordarse penosamente de un fondo de mariscos que nos mandó al sobre sin capacidad de pensar en nada más que depositarse. El mar que nos calmó otra vez se vuelve inhóspito, ya no nos recibe ni nos amarra. Nos deja ir, más bien nos expulsa. Nos tira de vuelta, llenos de arena, al mismo lugar indeseado de antes, de siempre. Ese lugar de mierda del que no podemos salir y en el que estamos como tortuga dada vuelta. Y no queda más que volver, sentir un poco de vergüenza y tratar de no arrepentirse de lo caminado, de lo corrido y de las piedras saltadas de una en una. Y no buscar más culpas. Mandar avisos otra vez, tantas veces, tanto halago y tan poco certero. Hay un mantel de plástico, un escritorio, un parrón bien podado y un cenicero feo que deben quedarse donde están y yo no. Hay decenas de planes que se fueron -a la porra- y un reset reset reset que no para.