24 de diciembre de 2008

Me quedé sin pena

Y resultó que todo lo que nos dijiste era cierto. Nosotros que por momentos dudamos de la veracidad de tus palabras, de tu conexión con la realidad ese día en que nos encontramos en Plaza Ñuñoa. Eran los últimos días de noviembre de este año y nos pillaste sentados en una banca, jugando con perros callejeros, cuando nos íbamos del Dante, cuando ya nos habíamos tomado unos cuantos shop con el Harmony, J y el Guillaume y tratábamos de emprender rumbo a algún lado, quizás a la casa, pero teníamos sólo dos bicicletas y éramos cuatro y no terminábamos nunca de rolar. Por lo mismo te acercaste a nosotros.Recuerdo cuando nos dijiste que estabas triste, porque estabas separado de tu mujer. Que eras un violinista tremendo, clásico, pero que la bipolaridad te tenía vuelto loco y que no tenías casa donde vivir, decías, sentado al lado mío y mientras, tus enormes ojos oscuros se clavaban en los míos, jurándonos que los pitos nada de malo tenían al combinarlos con bipolaridad. Que habías pasado por no se cuántas clínicas mentales, que el copete, que el carrete, que los cuetes, tu mujer. Que los Parkinson, que los Trompos, que la viola, el éxito y los tres meses de no tener casa, hogar, nada. Que hace poco habías tocado y había sido tan bueno, tan bueno, pero que en realidad todo ya se había ido a la mierda, decías con esa mirada tan penetrante, por la cresta. Recuerdo que al otro día tomé una micro en Providencia que subía por Apoquindo y ahí estabas, parado, con la vista perdida en la ventana y afirmado de los fierros plásticos del Transantiago. Yo miraba para el otro lado, tocaba el timbre, saltaba a la vereda, me iba, y un mes después, cuando hartas cosas más ya se habían ido a la mierda, la noticia de que un dolor tan estúpido te había matado. Aguante Guíñez. Kilos de tolueno para ti.

22 de diciembre de 2008

El Teatro Búnker

Enumerar sin hacer una lista, porque narrar todo es imposible. Decir que trabajamos hasta que se nos fue el aliento y mucho más, y que fiesteamos lo mismo, porque “hacer festival” fue el lema y también la frase más repetida durante esas semanas. Jornadas completas doblando quince mil programaciones como máquinas humanas, porque la imprenta no te las dobla, ve?. Armando planes de contingencia estilo nazi para empapelar una ciudad de carteles. Teléfonos sonando todo el día y computadores que no daban abasto. Fotos con formatos extrañísimos, videos y más videos, correos masivos, comunicados, carpetitas, conferencias, lobby, que el dvd, que la acreditación, que la entrevista, que el periodista latero que te titula la nota tan tontamente. Días completos en ese infierno que era Curauma. Millares de containers repartidos en cerros eternos en medio de la nada y máquinas gigantescas de las que había que cuidarse para no morir aplastado. Todo bajo un sol que nos dejó un hermoso bronceado camionero y la vivencia de presenciar cómo una pila de tarros horrendos tomaba forma y se transformaba en un instrumento que desde esa noche de sábado, en medio de la ciudad, frente al mar y con los nervios de punta porque todo salía mal pero a la vez bien, nos hacía, me hacía vibrar el pecho. Y algunos pelos se erguían, porque las cuerdas vibraban fuerte y todo se iba materializando de a poco. Del papel pasamos a tener grúas y camiones dirigidos por nosotros y pentágonos enormes medidos con regla para hacerlos calzar. La gente repletaba los lugares, hacía fila desde temprano en la mañana por ver nuestro proyecto, una idea armada por pendejos, pero pendejos dignos. Descubrí también en medio de eso una tropa de gente nueva. Un biólogo experto en circuitos que vive por armar/amar sintetizadores en maletitas de Fisher Price y hacerlas unas cajas de sonido que, al menos yo, no había visto nunca. Un franchute absurdo que se convirtió en mi compimpa y ahora añoro tanto ver, porque yo soy la chorrillana de su vida y él es mi madafacker querido. El Harmo, nuestro nuevo Bertoni, y otro más que no nombraré para no pecar de mamona, porque lo somos, pero es mejor serlo en secreto. De ahí en adelante un aterrizaje horrible y forzado en la capital y una seguidilla se sueños –de esos que uno sueña cuando duerme- raros, ridículos, mezclados, revueltos, pero llenos de verdad y realidad. Se acabó Teatro Container, Rodríguez. Se acabó por este año.

The silent sun

Baby you feel so close. I wish you could see my love. Baby you've changed my life, I'm trying to show you.

1 de diciembre de 2008

Festival Teatro Container de Valparaíso

Vea todo lo que es el spot televisivo de Festival Teatro Container de Valparaíso en youtube:


No olvide que el festival comienza este sábado 6 y termina el 13 de diciembre! No se lo pierda!